El modelo tradicional de turismo intensivo está alcanzando sus límites. Las postales de destinos hiperconectados que sufren la saturación de sus centros históricos y el encarecimiento desmedido de la vivienda para los residentes locales son el reflejo de un sector que necesita rediseñar su propuesta de valor con urgencia.
La oportunidad para el turismo de la próxima década está en el desarrollo del turismo de impacto positivo o de «larga estancia». El viajero actual busca conectar de manera auténtica con la cultura, la gastronomía y las comunidades locales, huyendo del itinerario genérico de fotos rápidas. Los destinos que lideren esta transformación no serán aquellos que reciban mayor caudal de visitantes, sino los que logren equilibrar la rentabilidad económica de la industria con el bienestar y la preservación del entorno local.










